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Cómo mejorar el diseño de producto pensando en la experiencia del cliente

Mejorar el diseño de producto pensando en la experiencia del cliente no va de estética ni de marketing. Va de entender cómo se usa de verdad un producto, qué fricciones genera y qué decisiones de diseño acaban facilitando —o complicando— su uso diario.

En ingeniería, muchos problemas no vienen de que el producto no funcione, sino de cómo se interactúa con él. Ajustes incómodos, accesos imposibles, lecturas confusas o mantenimiento poco amable acaban pesando más que una décima de rendimiento.

Cómo mejorar el diseño de producto pensando en la experiencia del cliente

Un producto bien diseñado no se reconoce por lo que promete, sino por lo poco que estorba. Funciona, se entiende y no obliga a aprender trucos para usarlo. Llegar ahí exige cambiar el punto de vista durante el diseño.

El usuario no lee planos ni memorias técnicas

Una de las primeras cosas que conviene asumir es sencilla: el cliente no piensa como el equipo de diseño. No conoce la lógica interna del producto ni tiene por qué hacerlo. Quiere usarlo, ajustarlo y mantenerlo sin fricción.

Diseñar pensando en la experiencia del cliente implica salir del CAD y hacerse preguntas incómodas:

  • ¿Qué ve el usuario la primera vez que se acerca al producto?
  • ¿Qué botones, mandos o interfaces toca más?
  • ¿Qué errores es más probable que cometa?
  • ¿Qué parte le genera dudas o inseguridad?

Responder a esto temprano evita rediseños costosos más adelante.

La ergonomía no es un detalle, es diseño

Alturas, alcances, fuerzas necesarias, visibilidad y posturas acaban definiendo si un producto se usa con comodidad o con resignación. Un producto incómodo no se percibe como robusto, se percibe como torpe.

En productos industriales esto aparece de forma clara:

  • Mandos fuera de campo visual
  • Elementos que obligan a inclinarse o forzar posturas
  • Ajustes que requieren herramientas innecesarias
  • Operaciones de mantenimiento poco accesibles

Corregir esto en fase de diseño cuesta poco. Corregirlo en producto fabricado suele ser doloroso.

Diseñar para uso real, no para el caso ideal

El uso real nunca es limpio. Hay prisas, turnos largos, usuarios distintos y entornos que no ayudan. Diseñar solo para el caso ideal es una fuente constante de fricción.

Aquí conviene pensar en:

  • Uso con guantes, suciedad o poca luz
  • Errores repetidos que el usuario acabará cometiendo
  • Ajustes que se hacen “a ojo” en planta
  • Condiciones que degradan el producto con el tiempo

Un buen diseño asume estos escenarios y los absorbe sin castigar al usuario.

Interacción clara entre producto y control

En productos con electrónica, sensórica o PLC, la interacción entre mecánica y control es clave. No basta con que el sistema sea preciso. Debe ser legible para quien lo usa.

Indicaciones claras, respuestas coherentes y comportamientos previsibles reducen errores y mejoran la percepción del producto. Muchas incidencias nacen de interfaces que no explican qué está pasando.

Este punto se vuelve crítico en maquinaria, sistemas electromecánicos y equipos de ensayo, donde el usuario necesita confianza en lo que está viendo.

La validación también debe mirar al usuario

Validar un diseño no es solo verificar tensiones o rigidez. También conviene validar cómo se usa. Montaje, ajustes, acceso a consumibles y tareas de servicio deberían probarse antes de cerrar el diseño.

En proyectos donde se aplica cálculo y simulación FEM, este enfoque encaja muy bien. El mismo rigor que se pone en validar una estructura puede aplicarse a validar accesos, recorridos y comportamiento en uso.

En el blog de Kernova hay varios artículos relacionados con este enfoque, como validación de diseños mecánicos complejos mediante análisis FEM o análisis de viabilidad en proyectos de electrificación, donde el diseño se evalúa más allá de “que aguante”.

El mantenimiento también forma parte de la experiencia

Un producto que funciona bien pero se mantiene mal acaba teniendo mala reputación. El mantenimiento es uso diferido. Accesos claros, sustitución rápida de piezas y operaciones repetibles marcan la diferencia.

Diseñar pensando en el cliente implica pensar también en:

  • Qué piezas se sustituyen con más frecuencia
  • Cuánto tiempo real lleva hacerlo
  • Qué errores se cometen durante el servicio

Reducir estas fricciones mejora la percepción del producto sin tocar su función principal.

Coherencia entre diseño, fabricación y uso

Un producto bien diseñado mantiene coherencia entre lo que se diseña, lo que se fabrica y lo que se usa. Las decisiones de diseño arrastran consecuencias en taller y en planta.

Trabajar esta coherencia evita soluciones forzadas, ajustes improvisados y explicaciones posteriores al cliente.

Un enfoque que se puede repetir

Mejorar el diseño pensando en la experiencia del cliente no depende de inspiración puntual. Depende de integrar este punto de vista en el proceso:

  1. Entender el uso real desde el inicio
  2. Diseñar con ergonomía y accesibilidad
  3. Validar comportamiento técnico y uso
  4. Fabricar sin contradicciones
  5. Poner el producto en manos del usuario sin sorpresas

Este enfoque se aplica en proyectos de diseño de producto, maquinaria y sistemas electromecánicos dentro de ingeniería mecánica y validación FEM en Kernova, donde el diseño se trabaja como un todo, no como piezas aisladas.

Si el objetivo es revisar un diseño existente o desarrollar un producto nuevo con este criterio, puedes usar el formulario de contacto para plantear el caso y verlo con datos reales y con un equipo a su lado que le acompañará en todo momento.

Preguntas frecuentes

¿Pensar en la experiencia del cliente limita el diseño técnico?
No. Obliga a hacerlo más coherente. La mayoría de conflictos aparecen por no haber considerado el uso real.

¿Esto aplica solo a producto final?
No. Aplica también a maquinaria interna, utillajes y equipos de ensayo. Todo lo que se usa genera interacción.

¿Cuándo conviene introducir este enfoque?
Desde el inicio. Cuanto más tarde se hace, más caro resulta corregirlo.

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